Mayo - Agosto 2007
N.74

El placer de vivir y las fiestas de quince años
en el Cono Sur de Lima (1999 - 2000).

Susana Pastor

Susana Pastor estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima entre 1974 y 1979. Ha trabajado en cine, vídeo y fotografía desde una perspectiva documental.

Ha elaborado los ensayos fotográficos: “Domingos de Agua Dulce” Lima, 1982 -1998 y “Festejar los 15 años” Lima Sur, 1998-2000.

Enseñó en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima y desde 1998 es docente a tiempo completo en la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Dicta los cursos de Fotografía, Fotografía Periodística y Fotografía Documental y es coordinadora académica del Área de Fotografía.

En el 2006 coedita el libro País de Luz. Tafos, Talleres de Fotografía Social, 1986-1998, producido por la PUCP y CAL.

Entre 1995 y 1998 trabajó en el Proyecto TAFOS siendo curadora de la Exposición Latinoamericana “Con Ojos de Mujer” y “País de Luz, Diez Años de Tafos”.

En 1993 codirige el documental “Con Voz Propia”, KULU, Dinamarca

Entre 1982 y 1990 integró el Grupo Chaski, colectivo de cine social, en el cual trabajó en los largometrajes “Gregorio” y “Juliana” , en diversos documentales y codirigio el docuemental “Caminos de Liberación”.

 

De las quinceañeras y su fiesta...
 

El quinceañero es la gran fiesta con la que sueñan muchas chiquillas de 14 años. Es el gran acontecimiento; la fiesta inimaginable hecha realidad. Es una tradición que algunos grupos sociales intentan mantener en su versión original.

La quinceañera aparecerá a la medianoche vestida como una princesa. Bajará las escaleras y “se presentará a la sociedad” bailando un vals con su padre. Más tarde, los discursos y el clásico brindis con champán, darán inicio a la fiesta.

En el Cono Sur de Lima festejar los quince años implica una participación de la familia, los amigos y los vecinos. El padrino regalará la torta y la madrina alquilará el vestido. Siempre habrá un tío que pintará la casa y una vecina que decorará el salón.

El padre ha terminado de construir el segundo piso o ha colocado la escalera que quizá no conduce a ningún lugar. No hay dinero o hay muy poco, pero se tiene que celebrar y esta celebración tiene que ser inolvidable, como en los cuentos de hada. Al día siguiente quizá no haya para comer; pero ése, será otro día.

De la fiesta y la añoranza...
 

Había estado fotografiando un quinceañero desde las dos de la tarde del día anterior.

Amanecía en Villa El Salvador y la fiesta se resistía a morir cuando en la calle una banda de músicos cargaba sus instrumentos en un viejo y destartalado camión. Me gustó la imagen y cuando me disponía a tomar una última foto, la madre de la quinceañera -quien se había divertido más que la hija- trepó al camión con la intención de volver a su pueblo natal, en un ataque de añoranza.

Los invitados a la fiesta lograron bajar a la mujer hecha un mar de lágrimas. En el taxi de regreso a mi casa y con esas imágenes aún en la retina pensé, con un poco de envidia, que nunca había festejado mis quince años.