María Immacolata Vassallo de Lopes, Brasil (Diálogos de la
Comunicación Edición N.56)
A manera de subtítulo:
La investigación de la comunicación en América Latina frente a dos
entradas: 1) las condiciones sociales de su producción y 2) el proceso
de su producción; y una sola salida: producción de conocimiento
legitimada por su relevancia social y por su rigor teórico y
metodológico.
1. ACLARACIONES SOBRE EL PUNTO DE PARTIDA
El tema es por demás complejo. Por eso, menos que querer abarcar el tema
de forma exhaustiva -lo que no comporta la organización en artículo-
pretendo apuntar las cuestiones de orden epistemológico, teórico y
metodológico tal como las concibo a partir de donde ellas se encuentran,
esto es, en la propia práctica de la investigación que es en
esencia una práctica metodológica. Veo la metodología de la
investigación como un proceso de toma de decisiones y opciones que
estructuran la investigación en niveles y en fases que se realizan en un
espacio determinado que es el espacio epistémico.
Quiero decir que el punto de vista que rige estas consideraciones es
metodológico strictu sensu, esto es, interno al quehacer
científico y donde él se confunde con la reflexión epistemológica. Dos
puntos deben ser destacados de antemano en este enfoque. El primero es
que la epistemología será tratada en el nivel operatorio, en la
tradición bachelardiana, esto es, como nivel de la práctica metodológica
entendiendo que la reflexión epistemológica opera internamente a la
práctica de investigación. En otros términos, esto garantiza que los
principios de cientificidad operan internamente a la práctica
científica, o sea, la crítica epistemológica rige los criterios de
validación interna del discurso científico.
El segundo punto es que esta perspectiva epistemológica no es suficiente
si no es combinada con los criterios de validación externa apoyados en
la crítica hecha por la sociología del conocimiento. Según Bourdieu
(1975:99), «es en la sociología del conocimiento que se encuentran los
instrumentos para dar fuerza y forma a la crítica epistemológica,
revelando los supuestos inconscientes y las peticiones de principio de
una tradición teórica». De esta forma, mis consideraciones no pueden ser
entendidas como un discurso cientificista, genérico y abstracto, por el
contrario, entiendo la práctica de la investigación como práctica
sobre-determinada por condiciones sociales de producción e
igualmente como práctica que posee una autonomía relativa. Esta es dada
por una lógica interna de desarrollo y de autocontrol, lo que impide que
se convierta en una mera caja de resonancia de normas externas y, por
tanto, en discurso totalmente ideológico. Al final, la práctica de la
investigación es concebida como un campo de fuerzas, sometida a
determinados flujos y exigencias internas y externas.
2. LAS CONDICIONES DE PRODUCCIÓN DE LA INVESTIGACIÓN DE LA
COMUNICACIÓN
Como recurso de crítica epistemológica a la investigación de la
comunicación voy a retomar algunas concepciones de la sociología de la
ciencia. Aquí la ciencia es vista como un sistema empírico de actividad
social que se define por un tipo de discurso consecuente de las
condiciones concretas de elaboración, difusión y desarrollo. Son las
condiciones de producción las que definen el horizonte dentro del cual
se mueven las decisiones que permiten hablar de una cierta manera sobre
un cierto objeto. En otro texto (Lopes, 1997) indiqué que esas
condiciones de producción de una ciencia pueden ser resumidas en tres
grandes contextos. El primero es el contexto discursivo, en el cual
pueden ser identificados paradigmas, modelos, instrumentos, temáticas
que circulan en determinado campo científico. Se trata propiamente de la
historia de un campo científico, los recursos por los cuales él
se va constituyendo, afirmando sus tradiciones y tendencias de
investigación. El segundo factor es el contexto institucional, que
envuelve los mecanismos que median la relación entre las variables
sociológicas globales y el discurso científico, y que se constituyen en
mecanismos organizativos de distribución de recursos y poder dentro de
una comunidad científica. Corresponde a lo que Bourdieu (1983) llama el
campo científico. Y el tercer factor es el contexto social o
histórico-cultural donde residen las variables sociológicas que inciden
sobre la producción científica, con particular interés por los modos de
inserción de la ciencia y de la comunidad científica dentro de un país o
en el ámbito internacional.
Con estas breves consideraciones hechas por la óptica de la sociología
de la ciencia, quiero subrayar que el conocimiento científico es siempre
el resultad o de esos múltiples factores, de orden científico,
institucional y social, los cuales constituyen las condiciones concretas
de producción de una ciencia.
¿Cómo se ha traducido en el campo de la comunicación la preocupación por
esos diversos contextos de producción de su discurso científico? A mi
modo de ver, a través de un enorme interés por el contexto social o
macrosocial de la producción científica, un raro interés por el contexto
institucional y un creciente interés por el contexto discursivo. Explico
rápidamente este diagnóstico.
1. La globalización, en sus más variados aspectos, se volvió tema
hegemónico en los actuales estudios y reflexiones en el campo de la
Comunicación. Sin dejar de apuntar los maleficios simplificadores
acarreados por la reedición del viejo debate frente a la cultura de
masas, que Moragas (1997) identifica ahora entre «neoapocalípticos» y
«neo-integrados» frente al actual modelo de sociedad, a mí me gustaría
retener los estudios serios que abordan cuestiones cruciales sobre la
nueva fase de desarrollo del capitalismo neoliberal, traduciéndolas a la
imperiosa necesidad de comprender la globalización en su densidad y
ambigüedades, proponiendo tematizarla a través de pistas conceptuales,
tales como «cultura-mundo» (Martín Barbero, 1998), «comunicación-mundo»
(Mattelart, 1994), «sociedad de la comunicación» (Vattimo, 1992),
«paradigma de la globalización» (Ianni, 1994).
Lo que estas pistas hacen es llamar la atención sobre la centralidad de
la comunicación en el propio modo organizativo de la sociedad
contemporánea, esto es, que la comunicación pasa a operar al nivel de
las lógicas internas de funcionamiento del sistema social. Lo que hay de
nuevo en esto es que el campo de la Comunicación se complejiza
enormemente, haciendo explícito el error epistemológico de seguir
tratando a la comunicación como objeto de estudio en una perspectiva
meramente instrumental, sea a través de la crítica meramente ideológica,
sea a través de la afirmación funcionalista. Así, considero que el
enorme interés por el tema de la globalización ha generado aportes
renovadores en los estudios de comunicación, en el sentido de realizar
encuentros disciplinarios, proponer nuevas categorías de análisis y de
propiciar un trabajo conceptual más complejo.
2. Al considerar la reflexión sobre el contexto institucional de la
producción científica que se hace en el campo de la Comunicación, el
escenario es pobre. Se trata de constatar, en primer lugar, el reducido
interés sobre cómo se institucionalizan los estudios de comunicación en
nuestros países(1). Pero también verificar la ausencia de reflexión
sobre mecanismos y procesos institucionales dentro de los proyectos de
investigación, comenzando por la reflexión sobre la propia elección de
un objeto de estudio que, como bien sabemos, también está condicionada a
los no poco visibles mecanismos de fomento a «la investigación
inducida». Aquí también se coloca la cuestión del prestigio de
determinados grupos de investigación o del poder de ciertos circuitos
intelectuales principalmente vinculados a las asociaciones científicas,
a la administración universitaria o a los procesos de selección y
evaluación de la producción intelectual. Creo que estas cuestiones de la
institucionalización científica y académica de la investigación de la
comunicación deberían ser objeto más asiduo de papers y de seminarios y
tomar como enfoque central la cuestión de la formación del investigador
de la comunicación, comenzando por el lugar de la investigación en
nuestros cursos de grado, hasta la comparación de la investigación
dentro de políticas de pos-grado (maestría, doctorado y las experiencias
brasileñas con el maestrado profesionalizante, maestrado y doctorado
interinstitucional).
3. Por otro lado, el interés por lo que llamé el contexto discursivo
de la ciencia y, más específicamente, de la historia del campo, ha
crecido y se ha generalizado por toda América Latina. Una de las
cuestiones centrales ha girado en torno de la condición disciplinar
de la comunicación, que ha sido objeto especial de preocupación en
esta década de los 90(2). La historia del campo de la Comunicación ha
sido marcada por la diversidad teórica y por la historicidad de su
objeto, las cuales son marcas distintivas de la identidad del campo de
las Ciencias Sociales y Humanas, de que ella forma parte. Como traté en
otro lugar (Lopes, 1998), el origen de los campos de estudios
interdisciplinarios como la Comunicación, remite a movimientos de
convergencia y de superposición de contenidos y metodologías que se
hacen notar de forma creciente en el desarrollo histórico reciente de
esas ciencias. Los principales desafíos epistemológicos, teóricos y
metodológicos parecen provenir de la confluencia del paradigma histórico
de la globalización (Ianni, 1994), del paradigma epistemológico de la
complejidad (Morin, 1995) y de un nuevo paradigma institucional (Wallerstein,
1996). Lo que llamo aquí «paradigma institucional» es resultado de una
reflexión multidisciplinaria, coordinada por este último autor sobre la
reestructuración de las Ciencias Sociales, que concluye que las
delimitaciones de las disciplinas sociales son más el resultado de
movimientos de institucionalización de esas ciencias, que imperativos
provenientes de sus objetos de estudio, o sea de exigencias de
naturaleza propiamente epistemológica. El problema es que esa
distribución disciplinaria llevó a un saber especializado en disciplinas
institucionalizadas cuando hoy cualquier análisis requiere
necesariamente varias disciplinas. Se pone en duda si aún hay algún
criterio que pueda ser usado para asegurar, con relativa claridad y
consistencia, las fronteras entre las disciplinas sociales. A lo que
Wallerstein (1990:402) responde: «Todos los criterios presumibles
-niveles de análisis, objetos, métodos, enfoques teóricos-o ya no son
verdaderos en la práctica, o, si se mantienen, son obstáculos a
conocimientos posteriores, antes que estímulos para su creación». Es
claro que, a no ser por un mal entendido, mi posición no debe ser vista
como una defensa ingenua de un eclecticismo estéril, mucho menos como
una tendencia autofágica de eliminación de las fronteras entre las
disciplinas tradicionales, lo que inhibe o bloquea la
institucionalización de los nuevos campos del saber, como la
Comunicación.