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Mayo - Agosto 2007
N.74 |
Algo más que buena vecindad entre semiótica y comunicación de masas Lorenzo Vilches, España (Diálogos de la Comunicación Edición N.22)
1. CRISIS Y RENOVACIÓN TEÓRICA EN AMBAS DISCIPLINAS En los años sesenta cuando la semiótica comienza en Europa su época de divulgación Y expansión más importante, la comunicación de masas ya está inventada. La publicidad y la televisión irrumpen con gran fuerza en esos años para reinventar los mass media convirtiéndolos en una gran industria y en polos privilegiados de la estrategia comunicativa del poder. Parecía natural entonces que la semiótica terminara o comenzara por ocuparse de los medios de comunicación. Si Mc Luhan había introducido la publicidad dentro de la universidad, Barthes y Eco filtraban las connotaciones y los códigos en las páginas de los semanarios y revistas del corazón. Las relaciones entre la comunicación de masas y la semiótica han sido siempre las de una pareja mal avenida, con encuentros fugaces y distanciamientos prolongados, con fascinaciones recíprocas e intolerantes descalificaciones globales. Tres son las etapas más importantes que se podrían distinguir en estos casi treinta años de fronteras disciplinares. En un primer momento, sociólogos y comunicólogos de origen o derivación cibernética o funcionalista atacaron fuertemente a la semiótica cuando ésta comenzó a ocuparse de algunos fenómenos de la cultura massmediática. Mientras en Italia un conservadurismo recalcitrante acusaba a U, Eco de papagallísmo cultural, en otros lares se la acusaba de excesivo verbalismo frente a métodos más seguros y directamente constatables, de dedicarse a los juegos de lenguaje mientras los sociólogos, ellos sí se ocupaban de la "realidad". Y cómo conoce un sociólogo la realidad, preguntaba ingenuamente los semióticos. Si la realidad se podía cuantificar y exhibir en estadísticas, ¿no eran los diferenciales y las campanas de Gaus también un lenguaje?.
En un segundo momento, con el fin de la década prodigiosa y del fervor
estructuralista, junto con el declive de Dios, de las ideologías, de los
partidos comunistas, se dice también que la semiótica ya no está de moda
(lo que para algunos sabios de la cultura en España quería decir -Barthes
ya no está de moda-). Pero estarnos en los años del desencanto y Europa
entera se prepara para entrar en las post-modernidad. Entonces la
semiótica ya ha entrado en un proceso menos ambicioso y maximalista más
seccional, menos idealista incluso menos ingenuamente materialista, pero
apartándose de, su origen exclusivamente lingüístico y preocupándose por
una gramática de la cultura, es decir, por el estudio de objetos y
procesos concretos que se dan en lo social, la etnonictodología, la
filosofía del lenguaje y la pragmática de origen anglosajón terminan por
completar el panorama renovado de una semiótica hasta ese momento muy
dominada por la escuela semiolingüística greimasiana. Llegamos a los ochenta, tercer tiempo, y la recíproca indiferencia y
distanciamiento teórico institucional entre semióticos y comunicólogos
ha comenzado a prometer tiempos mejores. Se participa en seminarios
conjuntos, se escribe en las mismas revistas y hasta se investigan
objetos comunes en forma interdisciplinaria. En términos generales, podemos decir que la época actual es el fruto de
una respectiva toma de conciencia después de una honrosa autocrítica del
pasado. La sociología, consciente de sus propias limitaciones al
circunscribirse al modelo tradicional basado en la teoría de la
información y en la pobreza e ineficacia de los métodos exclusivamente
cuantitativos. La semiótica, dispuesta a enfrentarse con realidades
sociales concretas y a no confundir epistemología con abstracción y, en
cierto modo obligada (si quiere ser una ciencia y no sólo una filosofía)
a medirse con objetos concretos, Si bien se puede estar de acuerdo con
cuando afirma que la semiótica como la física nuclear, es indiferente a
la utilización que se pudiera hacer de ella (Greimas 1983), tampoco un
semiótico atento a los comienzos sociales y culturales debería olvidar,
como lo ha señalado hace ya tiempo R. Merton y Th. Kuhn, que la ciencia
no es neutral porque su desarrollo no es autónomo. Si la ciencia no es
autónoma ni neutral, tampoco lo pueden ser sus usos y aplicaciones, sus
metodologías y sus técnicas y estrategias. 2. LA CRÍTICA DE PARADIGMAS Y MODELOS
Los modelos lingüísticos tradicionales de la semiótica la otra gran
semiótica no lingüística de Ch. S. Peirce, es prácticamente desconocida
en España) se revelan inadecuados para afrontar con productividad el
fenómeno de las comunicaciones de masa y pronto se percibe la necesidad
de readecuar los instrumentos de análisis pasando previamente, por un
examen crítico de los paradigmas establecidos. Pero otro tanto sucede en
el campo de la sociología en donde los métodos tradicionales de análisis
de los medios se ponen también en cuestión, A mi entender sólo será
posible el encuentro eficaz de ambos campos cuando tanto uno como otro
hayan llevado a cabo tina profunda reflexión epistemológica al mismo
tiempo que se ponen en común las metodologías exitosas y comprobadas.
Personalmente estoy convencido de que tanto la semiótica como la
comunicación de masas están destinadas a entenderse en el futuro, y que
por ello la reflexión interna ya ha comenzado hace un tiempo. Comenzando por la sociología de la comunicación se puede decir que en
estos últimos años se han cuestionado con una cierta insistencia dos de
los modelos más importantes de análisis de la comunicación de masas, En
primer lugar, la influencia de los estudios sobre los efectos de la
comunicación masiva es innegable. Pero ésta ha quedado aprisionada
durante años sin que hubiera avanzado un milímetro respecto del
paradigma de Lasswell (1927, Katz y Lazarfeld 1955, y Lazarsfeld Merton
1948). Como recuerda Barbano (1982) en los estudios sobre los efectos
del consumo durante los años sesenta todavía se utilizaban métodos de
análisis sobre propaganda nazi de los años 30. Luego, con el
advenimiento masivo de las tecnologías avanzadas de las comunicaciones
se pone de moda McLuhan pero sin que se examinen con profundidad su
universo filosófico y su capacidad histórica para comprender que nuestra
sociedad ha entrado en una verdadera revolución de la información que
pretende cambiar nuestra sociedad y nuestra cultura. En las facultades
de Ciencias de la Información los estudiantes no leen directamente a
McLuhan y sus ensayos se encuentran dispersos o están agotados en el
mercado. El concepto de sistema mundial de las comunicaciones representa en
segundo lugar otra de las grandes tendencias de la investigación de los
mass media. Con representantes bien conocidos en España (Mattelart,
Schiller) esta tendencia analiza el sistema mundial de las
comunicaciones como efecto del imperialismo norteamericano teniendo como
punto de partida los años cincuenta como momento crucial del desarrollo
transnacional a escala global. Esta perspectiva (a la que habría de
añadirse la también conocida sociología crítica de la Escuela de
Frankfurt), si bien es importante para estudiar el elemento comunicación
como detonante y acelerador del proceso de expansión imperialista, no se
detiene a estudiar los medios de comunicación sino la política de los
medios. No examina “los contenidos vehiculados sino las supuestas
necesidades y aunque es rico de sugerencias interesantes cuando
individua algunos de los mecanismos que funcionan históricamente en la
creación de las redes internacionales, aparece en cambio pobre en
indicaciones porque no logra examinar las numerosas contradicciones de
este proceso” (Grande, 1985, p. 14). Tampoco para la semiótica las cosas han sido fáciles. Ya es complicado hablar de una sola semiótica, luego están las disyuntivas hacia la filosofía tout court o hacia las ciencias experimentales, y luego también las determinaciones hereditarias que obligan a revisar los presupuestos epistemológicos para enfrentarse a objetos nuevos. Como afirmaba V. Dijk en 1983, los modelos semióticos han sido muy influenciados por la metodología lingüística de las gramáticas estructurales. La distinción Lengua y Habla de Saussure, con la dicotomía entre lo abstracto y lo concreto habría tenido como resultados, para algunos, la imposibilidad de ocuparse de los contextos pragmáticos, cognoscitivos y sociales de los objetos de estudio. De allí que, dado que nuestras habilidades lingüísticas dependen de los contextos, la formulación, la interpretación de las estructuras de superficie así como las representaciones semánticas sean algo muy variable. Por ello, cuando se quieren estudiar los discursos sociales estos no se pueden estudiar a través de una gramática de la lengua sino de una gramática de la cultura, en donde se tengan en cuenta no solo las reglas gramaticales sino también la coherencia, estrategias, aceptabilidad y eficacia. Si el análisis semiótico no puede basarse en una gramática estructural, consecuentemente “la descripción de imágenes, películas, anuncios, gestos, etcétera se debería desarrollar a la luz de estos resultados a través de un planteamiento interdisciplinarios” (Dijk 1983: 25). En modo semejante y desde una crítica desde el interior mismo de la semiótica (al fin y al cabo, V. Dijk sigue siendo un lingüista y si la gramática estructural no resuelve todos los problemas, tampoco la teoría lingüística del Discurso), Chabrol (1983) reivindica una aproximación semiótica “no inmanente” que relacione las descripciones estructurales de los textos con las estructuras sociales desde el punto de vista de las “condiciones de producción”. Según Greimas (1982: 222) “La autonomía de la lingüística-justificable por la especificidad de su objeto, afirmada con insistencia por Saussure ha sido recuperada por Hjelmslev en función del principio de inmanencia: al ser la forma (o la lengua en el sentido saus-suriano) el objeto de la lingüística, debe excluirse cualquier recurso a los hechos extralingüísticos porque perjudicarían la homogeneidad de la descripción”. Hasta aquí Greimas, pero todo el problema reside en que los semióticos de formación estructuralista trascienden las fronteras de los objetos lingüísticos y se aplican a objetos y textos culturales no lingüísticos (la publicidad, el cine). De allí que en muchos casos, las teorías, los modelos y las investigaciones analíticas desde la perspectiva semiótica han burlado la necesidad de enfrentarse con los aspectos concretos que se producen en la cultura (y que sería la homogeneidad específica de lo social). Incluso, por ejemplo, en autores poco sospechosos de defender la gramática estructural como Eco (1982), los contextos del Autor y Lector teóricos solo se pueden encontrar simbólicamente representados dentro del texto, en su propia organización significante. ... abrir artículo completo (versión PDF) Etiquetas: Marco Disciplinario, Lenguaje |
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