Los Mattelart hoy: Entre la continuidad y la ruptura.
Una visión desmitificadora de "Los Nuevos Paradigmas"
Mario Kaplún, Uruguay (Diálogos de la Comunicación
Edición N.21)
La Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños,
Cuba, convocó -de/ 28 de marzo al 8 de abril de 1988a un Diálogo de
Altos Estudios con los especialistas franceses MICHÉLE Y ARMAND
MATTELART sobre "Rupturas y continuidades en los modos de encarar las
teorías y los prácticas de la Comunicación". Contenidos del diálogo: La
crisis de los paradigmas. La crisis del modo lineal de pensamiento y la
construcción de nuevas matrices conceptuales. Las ambigüedades y
ambivalencias que han experimentado las teorías críticas o lo largo de
los últimos años...
El azar -o, para ser más precisos, una invitación a participar en un
evento de la UNESCO- quiere que, por esos mismos días, yo me encuentre
en La Habana. Vislumbro la posibilidad de un reencuentro con los
Mattelart después de años sin vernos; y el proyecto de hacerles una
entrevista en torno a temas tan sustanciosos y vigentes como los que
enuncian en su convocatoria. Así, una vez concertado el encuentro, me
voy al caer de una tarde a San Antonio de los Baños, grabador en mano.
El funcionario que me recibe me advierte que, esa jornada, el Seminario
se ha prolongado más allá de la hora habitual: están todos enfrascados
en un intenso debate. Intuyo que no he llegado el día más propicio para
mi entrevista. Una hora más tarde, Michéle y Armand se hacen por fin
presentes. Tras el amistoso abrazo del reencuentro, el lógico pedido de
que les conceda media hora de respiro. Hasta que, finalmente, nos
encerramos en un aula de la Escuela, donde los dos investigadores,
olvidándose de la fatiga, se entregan al diálogo con hondura y pasión.
La vuelta al receptor
Quisiera en esta conversación tratar de rescatar no sólo lo que están
trabajando en este Seminario sino también el camino de pensamiento que
ustedes han hecho en estos años y que el temario parece reflejar...
Armand: Sí, sí, ciertamente lo refleja.
... Reconstruir para los lectores qué hay de permanente y qué hay de
nuevo en los planteamientos que están trayendo a este "Diálogo de Altos
Estudios"; qué es lo que continúa vigente en ese pensamiento y qué es lo
que se fractura.
Michéle: Ya. Comprendido.
Tal vez una forma de abordar la cuestión podría ser que comenzaran
rememorando la teoría de la comunicación que ustedes tanto contribuyeron
a construir en la década de los 70 en América Latina; cómo la ven hoy,
ya a la distancia, con una visión autocrítica.
Michéle (no demasiado convencida): Podría ser. Aunque la mirada que una
tiene sobre su propia reflexión puede no ser la visión que tengan los
demás sobre esa misma evolución. La palabra continuidad cobra todo su
sentido cuando es una la que revisa su propia trayectoria; pero
continuidades y rupturas son medidas de forma distinta cuando se trata
del camino que uno mismo ha hecho o del juicio que sobre éste formulan
los otros.
Por eso, yo preferiría comenzar visualizando los cambios, bien
relevantes por cierto, que se han dado estos años al interior de las
teorías críticas de la comunicación. Han surgido modos de enfocar el
proceso de la comunicación muy diferentes de los que se manejaban en los
años en que nosotros empezamos a estudiar el fenómeno.
¿Qué años? Precisemos... ubiquemos al lector.
Michéle: Para nosotros, viviendo en Chile, los años que precedieron a la
victoria de Salvador Allende, a la victoria de la Unidad Popular, y los
del gobierno de U. P. hasta su caída.
Y bien: ¿cómo describirlas eso nuevo que ha surgido, cuáles son esos
cambios relevantes?
Michéle: Pondría en primer lugar la necesidad de entender la
comunicación como un proceso de interacción, en la que emisor y receptor
ya no están ocupando dos polos opuestos en una línea de verticalidad;
este nuevo interés por conocer y analizar el momento de la recepción;
una nueva manera, en fin, de ver al receptor reconociéndolo como sujeto.
No cabe duda de que este gran salto en la teoría crítica puede ser visto
como una ruptura con las líneas con las que nosotros nos manejábamos en
aquellos años y con el tipo de estudios que realizábamos... Aunque no sé
hasta dónde corresponde que hable así, en plural -"nosotros"- porque, si
bien es cierto que en muchas ocasiones Armand y yo trabajamos juntos y
firmamos obras en común, no es menos cierto que cada uno de los dos
desarrolló su propia identidad, su línea propia de investigación...
Y sus aportes propios. Ciertamente.
Michéle: Pues bien: en cuanto al surgimiento de esa revaloración del
receptor, aunque desde afuera se la pueda ver como una ruptura, debo
decir que en mí la siento más bien como una continuidad. Porque recuerdo
siempre un estudio que efectuamos en el año 72 en Chile, bajo la U. P.,
sobre la lectura concreta que las audiencias populares hacían de los
mensajes de la comunicación de masas.(1)
Para esa investigación, tuvimos que improvisar una metodología con los
precarios instrumentos de que disponíamos en ese momento. Aún así,
descubrimos algo que sigue siendo relevante hasta hoy: la necesidad de
reconocer al receptor como productor de sentido. Siento que fue algo
capital, la piedra angular que después me ayudó y preparó para captar
mejor los cambios que se dieron al interior de la teoría de la
comunicación masiva. En aquel momento tuve intuiciones que no pude
formular y que debí esperar a todo lo largo de la década de los 70 para
poder precisarlas.
¿Por ejemplo?
Michéle: Por ejemplo, esa pregunta -que me parece clave- sobre el placer
que experimentan las capas populares cuando reciben los géneros de la
cultura de masas. En aquel entonces, yo sentía que eso planteaba
interrogantes ineludibles a los que nuestro método de lectura ideológica
no daba respuestas. Sólo muchos años después pude procesar esa
intuición. Y, si pude hacerlo, fue porque en el campo teórico entre
tanto se habían dado avances fundamentales; se había generado una nueva
sensibilidad hacia el estudio del receptor, hacia los modos de sentir
populares y también hacia los géneros de la cultura popular y la cultura
de masas.
Chile del 72: los aprendizajes.
Es ahora el turno de Armand. Lo invito a responder a la misma pregunta.
Y se muestra más dispuesto a la retrospección.
Armand: Para entender el camino que uno ha recorrido, es importante
comenzar situando el contexto en que empezaron nuestras investigaciones.
Un contexto bien específico, como lo fue también aquel en el que, casi
contemporáneamente, arrancan los estudios en torno a la comunicación en
Argentina y en Venezuela... Bueno, en Venezuela un poco antes.
Sí, un poco antes. Justamente -vale la pena recordarlo- estamos en un
año con cierto valor de símbolo: en 1988 se cumplen 25 años de la fecha
en que el venezolano Antonio Pasquali publica su primer libro. Una obra
liminar, pionera en el pensamiento crítico latinoamericano sobre
Comunicación.(2)
Armand: Exactamente. Esa fecha y ese libro testimonian la raigambre
autóctona de la investigación en comunicación en los países
latinoamericanos. Porque se tiende demasiado a creer y afirmar que ésta
estuvo todo el tiempo presidida y estructurada por la teoría de la
dependencia, por el dependentismo. Y no fue así. En ninguno de los casos
-ya sea que se trate de Argentina, Venezuela o Chile- los primeros
estudios se centraron en la cuestión del imperialismo cultural. No: lo
que se trataba de estudiar era la actuación y funcionamiento de los
medios locales de comunicación, que estaban en manos de la propia
burguesía criolla.