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Mayo - Agosto 2007
N.74 |
Sobre la Convergencia entre Telecomunicaciones y Televisión Giuseppe Richeri, Italia (Diálogos de la Comunicación Edición N.36)
1. DOS MODELOS HISTÓRICAMENTE SEPARADOS En todos los países europeos la expansión de las
telecomunicaciones y de la radiotelevisión han seguido rutas claramente
separadas. Cada sector ha producido su propia cultura, sus propias
reglas, sus propios mecanismos de financiamiento y sus propias
estructuras industriales. Los servicios de telecomunicación se han
desarrollado para abastecer transmisiones bidireccionales «punto a
punto», de sonidos y datos, pagadas por el abonado de acuerdo con el uso
que hace de ellas y transportadas preponderantemente a través de grandes
redes vía cable. Los servicios radiotelevisivos, por el contrario, se
han desarrollado para abastecer transmisiones monodireccionales «punto a
masa», de programas sonoros o audiovisuales, financiados por sistemas de
pago igual para todos y/o por la publicidad y difundidos a través de las
ondas. En el caso de las telecomunicaciones la empresa que administra el
servicio no se ocupa del contenido de las transmisiones pero sí de los
continentes o contenedores, es decir, de las estructuras de emisión. La
radiotelevisión, por el contrario, se ocupa precisamente de los
contenidos, es decir, de los programas. Por esta razón las
telecomunicaciones son reguladas por normas predominantemente económicas
e industriales que tienen que ver con las infraestructuras, mientras que
la televisión es regulada por normas predominantemente políticas y
culturales que tienen que ver con los programas. En Europa la
organización de los dos tipos de servicio mantiene hasta hoy dos modelos
de referencia netamente separados y a cada uno le han sido atribuidas
distintas funciones de interés general. No obstante su desarrollo independiente, en los
últimos años se han manifestado signos de convergencia entre los que
podemos destacar:
La perspectiva de la convergencia de telecomunicación
y televisión se halla en el centro de la política de innovación
tecnológica de algunos de los más importantes países europeos desde el
inicio de los años 80 y de aquí es necesario partir para explicar la
situación. Hasta ese momento Europa se interesa preponderantemente en
las comunicaciones vía satélite y en el caso particular de la televisión
se interesa en los satélites para la difusión directa. La presencia de
la televisión por cable con excepción de Bélgica y Holanda es todavía un
hecho marginal o inexistente. En los países donde se han hecho
experimentaciones como Francia y el Reino Unido no parece existir mucha
convicción. En cada caso se trata de redes que no tienen nada de
novedoso desde el punto de vista tecnológico, que nacen y se desarrollan
dentro de la lógica propia de la actividad televisiva de la que está
completamente ausente cualquier objetivo ligado a estrategias
industriales. Pero los comienzos de los 80 marcan un cambio de posición
en las prioridades atribuidas a las nuevas tecnologías de comunicación.
La atención se dirige hacia los sistemas de transmisión por cable,
mientras que en torno del satélite se empiezan a formar dudas, críticas
y temores (Richeri, 1992). Durante 1982 Francia, el Reino Unido y la
República Federal Alemana elaboran en modo independiente unos de otros
los planes de desarrollo destinados en primera instancia a la
distribución de programas televisivos, pero concebidos como eslabones de
una gran infraestructura destinada a modernizar las telecomunicaciones. Daría la impresión que es una casualidad el que los
gobiernos de los tres países decidieran moverse casi simultáneamente en
esa dirección. En realidad en esos tres países hubo recientes cambios de
gobierno y las iniciativas tomadas en este campo quisieron dar una señal
del cambio político. La atención al sistema cable se convirtió en un
hecho distintivo de los nuevos gobiernos respecto de los salientes, que
en los tres países mencionados eran de tendencia política diferente. En
los primeros años de los 80 se consolidó el proyecto político del
gobierno conservador inglés que se formó en el 79, e iniciaron su plena
actividad en el gobierno, después de sus respectivas victorias
electorales, los socialcomunistas en Francia (1981) y los católicos
liberales en la República Federal Alemana (1982). En estos mismos países
los partidos que encabezaron los gobiernos precedentes siempre
obstaculizaron el desarrollo del cable con la intención de salvaguardar
el orden televisivo existente: un fuerte aumento de la oferta televisiva
no parecía necesario y, sea como fuere, se temía que el cable rompiera
el equilibrio político y económico de los respectivos sistemas
televisivos (Hollins, 1984; Dyson y otros, 1988). Pero con los nuevos
gobiernos los argumentos acerca de la televisión por cable van más allá
del limitado horizonte de las comunicaciones de masa para asumir un rol
más importante relacionado con los aspectos económicos e industriales
nacionales. Si bien los tres proyectos se distinguen en la estructura y
en particular en los roles atribuidos a los cuatro actores principales
es decir, el Estado, los poderes locales, las empresas y el capital
privado, comparten el hecho de asumir una perspectiva convergente para
la televisión y las comunicaciones. Alemania sin embargo está
constreñida a desarrollar sólo el aspecto televisivo debido a la
división de roles entre el gobierno federal, competente en materia de
comunicaciones y los gobiernos de los Lánder, competentes en materia
televisiva en el propio ámbito territorial. El caso francés aparece más complejo respecto de los
otros porque el desarrollo del cable es parte integrante de los grandes
objetivos políticos nacionales y sobre ello se apoyan intereses y
expectativas muy heterogéneas. El proyecto de cablear Francia. definido
en el Plan Cable, nace en la primera fase de la presidencia de
Mitterrand, caracterizada por un fuerte dirigismo estatal y por la
nacionalización de las principales empresas económicas y financieras.
Los seis grandes objetivos políticos a los que Francia debe apuntar
según el nuevo gobierno son: Con el fin de lograr estos objetivos se apunta sobre
todo hacia algunos sectores claves para «salir de la crisis económica»,
para «recuperar el retraso», respecto de las grandes potencias
extraeuropeas y para crear al mismo tiempo las condiciones favorables
para el desarrollo de nuevos servicios de interés social y cultural.
Donde es necesario se modifican las leyes que entorpecen el despegue de
los sectores elegidos. Uno de estos es la industria electrónica y en
particular sus aplicaciones en las telecomunicaciones y por consiguiente
en las redes de transmisión por cable. En este cuadro hay que tomar en
cuenta dos hechos importantes. El primero crea las condiciones jurídicas
para el desarrollo de la televisión por cable: la nueva ley del
audiovisual (1982) pone fin al monopolio televisivo público, separando
la actividad de programación televisiva que está liberalizada, de la
actividad de difusión (transporte de la señal) que es competencia del
Estado. Comentando la ley el ministro de la P.T.T. Louis Mexandeu
afirma: “Será siempre más difícil en un futuro cercano conservar la separación actual entre comunicación privada (red telefónica) y difusión pública (red televisiva) desde el momento en que cada tipo de comunicación transitará en la misma red: el cable. Es por esto que todos los soportes están sometidos por presente ley al mismo régimen jurídico que es grosso modo, el del Código del Correo y de las Telecomunicaciones” (en Messages N° 318, julio-agosto 1982). ... abrir artículo completo (versión PDF) Etiquetas: Sociedad de la Información, Convergencia |
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