Mayo - Agosto 2007
N.74

Para una agenda cultural constituyente

Marcelino Bisbal / Pasquale Nicodemo, Venezuela (Diálogos de la Comunicación Edición N.57)

 

Durante este último tiempo el tema de la cultura se ha estado moviendo. Aunque este movimiento ha girado en torno a los nombramientos del Consejo Nacional de la Cultura y poco en relación a su resignificación en el clima nuevo que está presente en el país. Ya tenemos a los "conductores" de las políticas culturales, a sus gestores. Ahora hay que abrir espacios para la discusión y la conformación de los "paradigmas políticos de la acción cultural". Requerimos entonces de modelos, no sabemos si nuevos, pero sí de miradas amplias que abarquen las transformaciones que está asumiendo la vida toda en el país. Desde la crisis económica hasta los desplazamientos que ha tenido la política profesional, pasando por las nuevas sensibilidades, hacen de la constitución de políticas una asunción de pluralidad de formas desde las cuales se van a traducir esos cambios y desplazamientos. Como apuntaba en cierta oportunidad García Canclini: "A fin de salir de los tratamientos meramente descriptivos o burocráticos de la política cultural, hay que encarar el debate sobre las concepciones y los modelos que la organizan".

En estos momentos estamos ávidos de participación. Por todas partes y en cada rincón de la institucionalidad del país, sea esta oficial o privada (hasta mixta) hay la urgencia de la necesidad de intervenir en lo público como aquella cosa que nos pertenece y que sentíamos se nos había ido de las manos.

Dejamos el largo y tedioso bostezo de tanto tiempo y volteamos, todos sin excepción, hacia la Asamblea Nacional Constituyente como escenario para discernir nuestras culpas y "darle un nuevo rumbo republicano a Venezuela". Un signo nuevo de la cultura nuestra que se está convirtiendo en "cultura política del venezolano". Ojalá que perdure y que no sea "sueño de una noche de verano".

Estamos aquí frente al proceso de reunión de una Asamblea Constituyente. Las preguntas ahora son: ¿Qué papel debe jugar la cultura dentro de la definición de la vida política y ciudadana? ¿Tendrá algo que decir la cultura dentro de un nuevo esquema constitucional? ¿Seguiremos repitiendo lineamientos para un tiempo pasado, para un tiempo "que no es como antes"? La retórica del pasado y del presente, sin contar con indicadores serios y científicos que nos sirvan de guía, ¿podrá tener existencia hoy?

En los momentos que corren, en donde la cartografía cultural tradicional se ha desplazado hacia nuevas fronteras culturales, requerimos de indicadores que nos hablen y que sepamos leer acerca de las propuestas que aquellos agentes y pacientes de la cultura están ampliando/soñando para cada uno de los sectores en donde ellos se sienten involucrados por pensamiento y acción. Surge la necesidad de preguntarles desde la gestión de la cultura, desde el aparato burocrático en donde se gestionan las políticas, acerca de esas políticas culturales que se deben implantar y para ello se requiere de la pesquisa de campo mediada por la rigurosidad científica del instrumento a emplear.

Estas notas e ideas no intentan otra cosa que ayudar a un proceso de reflexión necesario sobre el tema de la cultura.

Quienes escribimos esto deseamos apuntar una representación que requeriría complementarse con otras. Nuestra perspectiva parte del trabajo de campo en donde quisimos averiguar lo particular para luego ir a lo general. Desde esa micro-porción de la realidad (lo particular) inferimos sobre la población cultural del país (¡tamaño desafío intelectual!). No podemos preguntarle a todo el mundo. Requerimos entonces de una fuente de participación del público (calificado o no) y surge así la encuesta como instrumento de medición entre lo global como problema y lo particular también como problema. Pensar lo particular para seguir pensando los problemas.

¿Cuál es la noción teórico-conceptual que se debe asumir sobre la cultura y que debe estar presente en el proceso constituyente? ¿Cuáles son las propuestas de carácter global que debe contemplar la nueva constitución en el área de la cultura? ¿Qué políticas culturales deben priorizarse en cada sector específico? Estas son las tres preguntas que nos llevaron a estudiar la cultura en el proceso constituyente que se abre al país.

Del repertorio de cuestiones surgidas en la investigación queremos destacar aquellas que creemos son las más significativas para dar luz y conformar una agenda cultural constituyente.


1. LA CULTURA COMO CONCEPTO Y REALIDAD "BISAGRA"

Todos los estudios actuales de carácter renovado- reconocen que la conformación de la llamada "cultura-hoy" es hija de los grandes postulados ideológico-filosóficos que dieron forma a la modernidad en el sentido ilustrado del término, pero que ahora desconocen como si fuera un hijo natural. Esta cultura-hoy ha sido el resultado de la expansión masiva de la escolarización, de las grandes industrias culturales, de las regionales y locales estructuras de comunicación y de la aparición de una cultura de masas de base industrial. A lo que estamos asistiendo es a una reorganización de la cultura a partir del desarrollo tecnológico e industrial que son fruto de esa modernidad.

Esta necesidad que tenemos de formular definiciones para todo, en el ámbito de la cultura es como buscar una aguja en un pajar. El esfuerzo que hiciera cierta vez George Balandier de levantar un censo acerca del concepto de cultura dio muestras de unas 250 definiciones y condujo al final diciendo que todavía no existe ni definición ni teoría de la cultura a la que se pueda uno adherir sin ninguna clase de reticencias.

El planteamiento se hace presente en la investigación. Según el orden jerárquico de la respuesta afirman los encuestados: En primer lugar: la cultura es todo En segundo lugar: es educación En tercer lugar: es diversa En cuarto lugar: la cultura es libre y es un mecanismo de cambio social En quinto lugar: cultivo de valores; servicio público; proceso socializador; proceso dinámico; la cultura es independiente de todo proceso constituyente; y no tiene nada que ver.

Pareciera que hay contradicciones, pero hilando fino no es así. Cuando se afirma que la cultura es educación, cultivo de valores, proceso socializador, estamos asumiendo evidentes procesos de gestación de un nuevo sujeto social, de una nueva ciudadanía. Las diferencias se hacen visibles en el mecanismo para los cambios. Unos piensan -la dirigencia de la burocracia cultural actual-que los cambios (tanto de mentalidad como de gestión) vendrán a partir de la nueva constitución. Los otros, que dentro de la investigación son la mayoría, se inscriben en una línea más antropológica, incluso estructural y sociológica. Estas últimas acepciones no tienen que ver con el proceso político actual que está viviendo el país, están más enclavadas en los sentidos y resultados de la propia cultura como "proceso vital del hombre".

¿Es posible unificar esas diferencias? Creemos que sí. Sería el momento de encarar el proceso constituyente para iniciar un diálogo sobre el tema, para romper diferencias y exclusiones, para acercarnos a realidades bien concretas y para entender que hoy la cultura (su producción y disfrute) está transitando por otros medios que tienen que ver más con lo social de la gente y su cotidianidad. De ahí nuestra tesis de una política cultural como política social.

La otra ausencia que están evidenciando las respuestas es la no consideración de los circuitos masivos-industriales de la producción cultural: las industrias culturales, el sector de la informática y las telecomunicaciones como elementos a tomar en cuenta en una conceptualización de la cultura. Es la idea de comprensión teórica sobre el sentido de industria cultural que es la forma como el mercado ha concentrado sus esfuerzos de producción-distribucióncirculación-consumo de las formas simbólicas agregadas, pero antes sistematizadas por los media. Es la apuesta por un pensamiento no negativo sino más bien de comprensión de lo que pasa al interior de esas formas dominantes y hegemónicas de industrialización de la cultura.

Es el entender que las industrias culturales son hoy el principal recurso con el que cuenta una inmensa mayoría de gente en nuestro país para acceder a una diversidad de bienes culturales, a un conocimiento (aunque sesgado en ocasiones, manipulado en otras) recíproco de la realidad, a la construcción de un imaginario común para la diversidad de experiencias y además para la constitución de la ciudadanía de este tiempo. Por ello es imprescindible en la cultura del "aquí y ahora" comprender los procesos comunicacionales masivos e insertarlos en el hacer cultural.

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Etiquetas:

Comunicación Política, Comunicación y Cultura