Para una agenda cultural constituyente
Marcelino Bisbal / Pasquale Nicodemo, Venezuela
(Diálogos de la Comunicación Edición N.57)
Durante
este último tiempo el tema de la cultura se ha estado moviendo. Aunque
este movimiento ha girado en torno a los nombramientos del Consejo
Nacional de la Cultura y poco en relación a su resignificación en el
clima nuevo que está presente en el país. Ya tenemos a los "conductores"
de las políticas culturales, a sus gestores. Ahora hay que abrir
espacios para la discusión y la conformación de los "paradigmas
políticos de la acción cultural". Requerimos entonces de modelos, no
sabemos si nuevos, pero sí de miradas amplias que abarquen las
transformaciones que está asumiendo la vida toda en el país. Desde la
crisis económica hasta los desplazamientos que ha tenido la política
profesional, pasando por las nuevas sensibilidades, hacen de la
constitución de políticas una asunción de pluralidad de formas desde las
cuales se van a traducir esos cambios y desplazamientos. Como apuntaba
en cierta oportunidad García Canclini: "A fin de salir de los
tratamientos meramente descriptivos o burocráticos de la política
cultural, hay que encarar el debate sobre las concepciones y los modelos
que la organizan".
En estos momentos estamos ávidos de participación. Por todas partes y en
cada rincón de la institucionalidad del país, sea esta oficial o privada
(hasta mixta) hay la urgencia de la necesidad de intervenir en lo
público como aquella cosa que nos pertenece y que sentíamos se nos había
ido de las manos.
Dejamos el largo y tedioso bostezo de tanto tiempo y volteamos, todos
sin excepción, hacia la Asamblea Nacional Constituyente como escenario
para discernir nuestras culpas y "darle un nuevo rumbo republicano a
Venezuela". Un signo nuevo de la cultura nuestra que se está
convirtiendo en "cultura política del venezolano". Ojalá que perdure y
que no sea "sueño de una noche de verano".
Estamos aquí frente al proceso de reunión de una Asamblea Constituyente.
Las preguntas ahora son: ¿Qué papel debe jugar la cultura dentro de la
definición de la vida política y ciudadana? ¿Tendrá algo que decir la
cultura dentro de un nuevo esquema constitucional? ¿Seguiremos
repitiendo lineamientos para un tiempo pasado, para un tiempo "que no es
como antes"? La retórica del pasado y del presente, sin contar con
indicadores serios y científicos que nos sirvan de guía, ¿podrá tener
existencia hoy?
En los momentos que corren, en donde la cartografía cultural tradicional
se ha desplazado hacia nuevas fronteras culturales, requerimos de
indicadores que nos hablen y que sepamos leer acerca de las propuestas
que aquellos agentes y pacientes de la cultura están ampliando/soñando
para cada uno de los sectores en donde ellos se sienten involucrados por
pensamiento y acción. Surge la necesidad de preguntarles desde la
gestión de la cultura, desde el aparato burocrático en donde se
gestionan las políticas, acerca de esas políticas culturales que se
deben implantar y para ello se requiere de la pesquisa de campo mediada
por la rigurosidad científica del instrumento a emplear.
Estas notas e ideas no intentan otra cosa que ayudar a un proceso de
reflexión necesario sobre el tema de la cultura.
Quienes escribimos esto deseamos apuntar una representación que
requeriría complementarse con otras. Nuestra perspectiva parte del
trabajo de campo en donde quisimos averiguar lo particular para luego ir
a lo general. Desde esa micro-porción de la realidad (lo particular)
inferimos sobre la población cultural del país (¡tamaño desafío
intelectual!). No podemos preguntarle a todo el mundo. Requerimos
entonces de una fuente de participación del público (calificado o no) y
surge así la encuesta como instrumento de medición entre lo global como
problema y lo particular también como problema. Pensar lo particular
para seguir pensando los problemas.
¿Cuál es la noción teórico-conceptual que se debe asumir sobre la
cultura y que debe estar presente en el proceso constituyente? ¿Cuáles
son las propuestas de carácter global que debe contemplar la nueva
constitución en el área de la cultura? ¿Qué políticas culturales deben
priorizarse en cada sector específico? Estas son las tres preguntas que
nos llevaron a estudiar la cultura en el proceso constituyente que se
abre al país.
Del repertorio de cuestiones surgidas en la investigación queremos
destacar aquellas que creemos son las más significativas para dar luz y
conformar una agenda cultural constituyente.
1. LA CULTURA COMO CONCEPTO Y REALIDAD "BISAGRA"
Todos los estudios actuales de carácter renovado- reconocen que la
conformación de la llamada "cultura-hoy" es hija de los grandes
postulados ideológico-filosóficos que dieron forma a la modernidad en el
sentido ilustrado del término, pero que ahora desconocen como si fuera
un hijo natural. Esta cultura-hoy ha sido el resultado de la expansión
masiva de la escolarización, de las grandes industrias culturales, de
las regionales y locales estructuras de comunicación y de la aparición
de una cultura de masas de base industrial. A lo que estamos asistiendo
es a una reorganización de la cultura a partir del desarrollo
tecnológico e industrial que son fruto de esa modernidad.
Esta necesidad que tenemos de formular definiciones para todo, en el
ámbito de la cultura es como buscar una aguja en un pajar. El esfuerzo
que hiciera cierta vez George Balandier de levantar un censo acerca del
concepto de cultura dio muestras de unas 250 definiciones y condujo al
final diciendo que todavía no existe ni definición ni teoría de la
cultura a la que se pueda uno adherir sin ninguna clase de reticencias.
El planteamiento se hace presente en la investigación. Según el orden
jerárquico de la respuesta afirman los encuestados: En primer lugar: la
cultura es todo En segundo lugar: es educación En tercer lugar: es
diversa En cuarto lugar: la cultura es libre y es un mecanismo de cambio
social En quinto lugar: cultivo de valores; servicio público; proceso
socializador; proceso dinámico; la cultura es independiente de todo
proceso constituyente; y no tiene nada que ver.
Pareciera que hay contradicciones, pero hilando fino no es así. Cuando
se afirma que la cultura es educación, cultivo de valores, proceso
socializador, estamos asumiendo evidentes procesos de gestación de un
nuevo sujeto social, de una nueva ciudadanía. Las diferencias se hacen
visibles en el mecanismo para los cambios. Unos piensan -la dirigencia
de la burocracia cultural actual-que los cambios (tanto de mentalidad
como de gestión) vendrán a partir de la nueva constitución. Los otros,
que dentro de la investigación son la mayoría, se inscriben en una línea
más antropológica, incluso estructural y sociológica. Estas últimas
acepciones no tienen que ver con el proceso político actual que está
viviendo el país, están más enclavadas en los sentidos y resultados de
la propia cultura como "proceso vital del hombre".
¿Es posible unificar esas diferencias? Creemos que sí. Sería el momento
de encarar el proceso constituyente para iniciar un diálogo sobre el
tema, para romper diferencias y exclusiones, para acercarnos a
realidades bien concretas y para entender que hoy la cultura (su
producción y disfrute) está transitando por otros medios que tienen que
ver más con lo social de la gente y su cotidianidad. De ahí nuestra
tesis de una política cultural como política social.
La otra ausencia que están evidenciando las respuestas es la no
consideración de los circuitos masivos-industriales de la producción
cultural: las industrias culturales, el sector de la informática y las
telecomunicaciones como elementos a tomar en cuenta en una
conceptualización de la cultura. Es la idea de comprensión teórica sobre
el sentido de industria cultural que es la forma como el mercado ha
concentrado sus esfuerzos de producción-distribucióncirculación-consumo
de las formas simbólicas agregadas, pero antes sistematizadas por los
media. Es la apuesta por un pensamiento no negativo sino más bien de
comprensión de lo que pasa al interior de esas formas dominantes y
hegemónicas de industrialización de la cultura.
Es el entender que las industrias culturales son hoy el principal
recurso con el que cuenta una inmensa mayoría de gente en nuestro país
para acceder a una diversidad de bienes culturales, a un conocimiento
(aunque sesgado en ocasiones, manipulado en otras) recíproco de la
realidad, a la construcción de un imaginario común para la diversidad de
experiencias y además para la constitución de la ciudadanía de este
tiempo. Por ello es imprescindible en la cultura del "aquí y ahora"
comprender los procesos comunicacionales masivos e insertarlos en el
hacer cultural.