Mayo - Agosto 2007
N.74

De periodistas a comunicadores:
Crónica de una transición de nuestro siglo

Juan Gargurevich, Perú (Diálogos de la Comunicación Edición N.54)

 

La comunicación está en todas partes. Nos abruma la cantidad de señales, carteles de publicidad, propaganda, kioskos con diarios multi-colores que reclaman lectores, mensajes en las paredes, en los parachoques de autobuses. La radio distrae en los automóviles mientras la televisión aguarda en la casa.

No es un fenómeno reciente, por supuesto. El mundo entero, y naturalmente el Perú, esta lleno de lugares en que nuestros antepasados grabaron en cuevas y piedras mensajes mágicos o prácticos que hoy no podemos entender. Los peruanos hicieron caminos que formaron un formidable sistema de comunicación por el que corrían los chasquis legendarios portando quipus, o pallares pintados, o bastones tallados, con otros mensajes que tampoco sabemos comprender.

Estamos en todo caso, desde siempre, inmersos en un mundo en que la comunicación con todas sus variantes ha ido adquiriendo una significación cada vez mas relevante. Hoy nadie duda de la omnipresencia de la llamada Sociedad de la Información, este fenómeno económico y social por el cual la vieja sociedad industrial, manufacturera y con chimeneas, ha cedido el paso a la prospera y opulenta industria del conocimiento.

La bibliografía al respecto es abundante. Pero nos inquieta que en la mayoría de los textos que nos anuncian las primicias que nos aguardan resalta, paradójicamente, la significativa ausencia de los comunicadores. Porque nada de lo descrito será posible sin los profesionales que han desarrollado las modalidades de uso de artilugios que inventaron los técnicos para los comunicadores de todas las épocas.
 


LOS PRIMEROS PERIODISTAS

Nos preguntábamos alguna vez si sería más propio y exacto contar la historia de los medios de comunicación desde el sitio de los comunicadores. Y es que puede comprobarse que a través de la historia los periodistas han desempeñado roles tan importantes que bien podrían ser el eje de una nueva manera de contar el proceso histórico de la comunicación.

La práctica del periodismo, como sabemos, consiste básicamente en la recolección de información de actualidad y vigencia relevantes, su procesamiento y edición en formatos adecuados según el medio elegido y su distribución o difusión al público. Y esto es lo que hacían los "curiosi" en tiempos del Imperio Romano, los juglares medievales, los "menanti" del renacimiento, los "relacioneros" que vinieron de España en el siglo XVI con sus imprentas gutenberianas. La sabiduría de reconocer las significaciones en la cotidianeidad es tan antigua como la curiosidad.

Pero ¿en que momento de la historia se ubica con nitidez a los profesionales de la comunicación, entendidos como personas dedicadas a tiempo completo a este oficio? O quizá seria mejor preguntar sobre cual es el momento en que la sociedad reconoce a los periodistas como tales y les adjudica espacios particulares que desarrollaran hasta convertirlos en propios. Hará falta un largo recorrido, como veremos.

Se ha dicho que la primera revolución de nuestro campo de interés fue la escritura, es decir, la posibilidad de fijar nuestro pensamiento y escapar de la oralidad. Y la segunda es la de la imprenta, que nos dotó de las copias sin límite de un mismo escrito(1). Es en ese momento, entre los siglos XV y XVIII cuando los textos escritos se multiplican y viajan, que surge la censura en forma institucionalizada y se imponen los limites porque se ha comprendido muy rápido el enorme valor, a la vez que el peligro, de la difusión de informaciones y de ideas.

Las primeras disposiciones que limitan la libertad de expresión nacerán así en un contexto de luchas religiosas y políticas. Antes, cuando las noticias circulaban escritas a mano su precio era tan alto que solo podían leerlas príncipes, ricos y sacerdotes. Para los otros estaban las canciones, las leyendas y los cuentos, que no eran menos importantes en información a la vez que en entretenimiento.

Pero en el tránsito de la Edad Media a la Moderna la información comenzó -en un proceso, advertimos, muy largo- a dejar de ser un privilegio para expandirse creándose su necesidad hasta el punto que debió convertirse en periódica. Primero anual luego semestral, semanal y finalmente diaria cuando la legendaria Elizabeth Malley dirigió el primer cotidiano inglés en 1702(2).

Los franceses fueron los primeros en presentar la realidad fragmentada en secciones fijas organizadas en espacios limitados de papel, los ingleses nos enseñaron como ejercer la opinión proponiendo el ensayo, los italianos ya desde los tiempos del pasquín original introdujeron la diversidad y la polémica. La Revolución Americana y la Francesa consagraron la Libertad de Expresión como uno de los derechos fundamentales. Y los norteamericanos hicieron uso pleno de las posibilidades de la Revolución Industrial y lanzaron la prensa popular, masiva. Una de las consecuencias más importantes fue el nacimiento de la llamada cultura de masas(3).

Avanzando el siglo XIX el periodismo era información pero también espacio de reflexión, opinión, discusión porque ya había reemplazado al ágora clásica en que sólo se escuchaban las voces potentes. Y los periodistas eran una mezcla de informadores con literales y políticos, sin más perfil que el de personajes públicos que hacían política o la representaban vicariamente.

Hacer periodismo en el siglo XIX no era hacer información como la entendemos hoy, nos recuerda Martín Barbero: "Es radicalmente la concepción del debate político, el periódico o los periódicos como el espacio propio de debate político, entre las diversas concepciones. De ahí que la mayoría de los directores de los periódicos, que eran los dueños, eran a su vez directores o agentes fundamentales de los partidos políticos"(4).

En el Perú tenemos muchos casos de lo dicho. Citemos ahora solamente a uno que nos parece ejemplar, don Ricardo Palma, que hacia periodismo, política y literatura a la vez, combatiendo en todos los terrenos pero principalmente desde las columnas impresas, en la segunda mitad del siglo(5).

En estos espacios periodísticos en que la opinión estaba enlazada con la información no era imaginable estudiar para ser periodistas, presunción que doblo el siglo avanzando hacia nuestra época. Al contar esta historia enlazándola con su significación social MacBride decía que aquel periodismo era más una misión que una profesión(6).

Y cuando en esa época en España, por ejemplo, alguien propuso crear una Escuela de Periodismo la reacción en contra no se hizo esperar. Aguinaga disfruta citando a un autor de un libro sobre el periodismo, Rafael Mainar, reputado a principios de siglo, quien escribió: "No creo que nadie pueda aprender desde estas páginas a ser periodista. Y aún añadiré que ni en estas ni ninguna otras. El periodista, como el poeta, y más que el poeta, nace y no se hace"(7).

La frase final aquella de "se nace y no se hace", con muchas variantes, se hizo famosa y traspaso fronteras trabando a veces por ignorancia, otras por cálculo empresarial, la formación académica de los periodistas. Terciando en el debate, hace muy poco Gabriel García Márquez, que refinó su prosa en el fragor del reporterismo, insistió en privilegiar la experiencia, proponiendo talleres "como simuladores aéreos que reproducen todos los incidentes del vuelo para que los estudiantes aprendan a sortear los desastres antes de que se encuentren de verdad atravesados en la vida"(8).

En los Estados Unidos, en cambio, y en Europa, los estudios de periodismo se iniciaron con el siglo (en algunos países un poco antes) de tal manera que hacia 1900 se concedía ya el titulo universitario que acreditaba la competencia profesional(9). La consagración definitiva vendría con el apoyo decisivo del famoso editor Joseph Pulitzer a la Universidad de Columbia, en Nueva York(10).
 


EN EL PERU, PRIMERO LOS GREMIOS

En nuestro país las primeras noticias que recogieron los protoperiodistas hablaban de piratas y terremotos aunque fuimos fuente de novedades sensacionales. Pero la rigidez colonial primero y el uso político pleno después hicieron de nuestro periodismo una zona de trabajo ocasional hasta fines del siglo pasado. Agreguemos que el periodismo sensacionalista que acompañó a las luchas por el poder posteriores a la independencia dejó una profunda huella de desprestigio para la profesión. Puede ser esta la razón por la que mientras la mayoría de gremios se organizaron desde muy antiguo (como los tipógrafos, los que imprimían los periódicos) el de los periodistas tardó excesivamente.

Recién en 1891 los editores promovieron la fundación de una Asociación de la Prensa Nacional que tenía intención política coyuntural pero que fue muy útil para fijar bases para los esfuerzos posteriores. Por ejemplo buscó ubicar a los profesionales de la prensa: "Para ser declarado periodista de profesión" decía el artículo décimo del acta de fundación (...) se requiere ocho años de ejercicio en la prensa, de los cuales debe contarse cinco consecutivos o no interrumpidos. La Asociación desapareció junto con los motivos políticos que impulsaron su fundación(11).

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Medios, Campo Académico