Mayo - Agosto 2007
N.74

La Radio:
Una Relación Comunicativa

María Cristina Mata, Argentina (Diálogos de la Comunicación Edición N.35)

 

1. LA RADIO ES TAMBIÉN UN HECHO TEÓRICO
 

El primer elemento que quiero proponer tiene que ver con algo que yo llamaría a crítica al sentido común o, si se quiere, el cuestionamiento a la idea de naturalidad con que a veces nos enfrentamos a los medios y las prácticas comunicativas.
 

En ese sentido quisiera comenzar cuestionando la idea más común pero más engañosa: pensar que cuando hablamos de radio, cuando la estudiamos, cuando la enseñamos o cuando hacemos radio estamos hablando, estudiando, enseñando o haciendo lo mismo.
 

Es cierto que existe un medio de comunicación reconocible empíricamente tanto por sus características tecnológicas como por ciertos modos genéricos o más generalizados de operarlo. Pero las distintas prácticas profesionales que se generan alrededor de ese medio, las distintas prácticas académicas que se desarrollan y también los diferentes estudios a que da lugar nos obligan a reconocer que existen diferentes modos de pensar la radio. Diferentes miradas que obviamente no son casuales sino que se derivan o son resultado de diferentes concepciones acerca de la comunicación y de los medios masivos.
 

Por lo general somos capaces de distinguir entre las diferentes finalidades ideológicas o institucionales que determinan modos de gestión y producción radiofónica diferentes y hasta contrapuestos: por ejemplo, distinguimos intencionalidad lucrativa de la educativa, de la propagandística y, en consecuencia, llegamos a hablar de radios comerciales, culturales (sean estatales o privadas), populares. También distinguimos algunas finalidades comunicativas y llegamos a clasificar las propuestas radiofónicas en función de sus contenidos predominantes y hablamos de emisoras informativas, musicales, de entretenimiento.
 

Pero no sabemos avanzar más. Es decir, no nos interrogamos acerca de los supuestos teóricos que nutren las diferencias. Dejamos esa interrogación para otros cursos: los de Teoría de la Comunicación, los de Sociología, Psicología, Semiótica, y nosotros nos dedicamos a operar sobre lo existente -la radio que hay- y lo deseable -la que quisiéramos lograr a partir de nuestra enseñanza- como si lo existente y lo deseable no fueran teorías en acto. Como si, por ejemplo, alguien pudiese estudiar, enseñar o hacer radio del mismo modo si piensa la comunicación en una dimensión o desde una perspectiva instrumental o si la piensa como hecho socio-cultural. Creo que en términos generales, esta dimensión teórica de la radio se escamotea a los alumnos, no está presente en nuestras propuestas académicas porque tampoco lo está en nuestro modo de abordar el medio.


2. LAS DIVERSAS MIRADAS
 

Para ser coherente con lo que acabo de plantear, referirme a las diversas concepciones que pueden reconocerse en los estudios sobre la radio es -de paso pero necesariamente- referirme a concepciones acerca de la comunicación y los medios. Para ello podría hacer un recorrido por diversas teorías e incluso hacerlo históricamente. Hay una amplia bibliografía en ese sentido, tanto de origen latinoamericano como europeo, que creo útil para profundizar la comunicación: desde los trabajos de Martín Barbero, en especial su libro «De los medios a las mediaciones» hasta el “Pensar los medios» de Armand y Michele Mattelart, incluyendo varias obras de Mauro Wolf, por ejemplo su estudio sobre teorías de investigación de la comunicación. En lo que respecta a la radio yo misma he trabajado el tema en un artículo de Dialogos N° 19: «Radio y públicos populares». Por eso me limitaré a destacar las concepciones que creo predominan -o son más visibles- en nuestro campo específico.

2.1 La Radio como Medio de Difusión

Es la visión predominante, sin duda alguna, y desde hace mucho tiempo. Desde los primeros estudios norteamericanos de las décadas del 30/40 pasando por los estudios sociológicos europeos y por buena cantidad de los realizados en América Latina, la radio es pensada como un canal de naturaleza masiva para la transmisión (difusión) de contenidos en los que se persiguen ciertos objetivos y que pueden o no conseguirse.

 

Esta propuesta se corresponde con una concepción instrumental de la comunicación, de sesgo informacional o transmisor cuyas fuentes teóricas son bien conocidas por todos.

a) El modelo canónico del proceso comunicacional inspirado en el propuesto por Shannon y Weaver (década del 40) desde la teoría matemática de la información:
 

Emisor - - - Mensaje - - - Receptor

(Canal)

Respuesta
(Feedback)
 

 

b) Los modelos psicológicos y sociológicos de la acción de corte conductista.
 

Estímulo - - - Respuesta (efectos)
 

 

c) Los modelos lingüísticos y semióticos positivistas (Jakobson fundamentalmente) que postulan la capacidad comunicativa de la lengua y los códigos en general a partir de su condición de instrumentos a través de los cuales los sujetos realizan operaciones de codificación y decodificación sin más restricciones que las que se derivan del correcto o adecuado manejo de tales herramientas.

Concebida a partir de esos supuestos teóricos la radio es:
 

  • Un canal tecnológico que requiere y admite el uso de unos determinados códigos y no admite otros.
  • Un conjunto de mensajes (contenidos organizados según géneros y formatos específicos) elaborados por unos ciertos emisores con la intención de producir determinados efectos en los oyentes.
  • Una institución social (económica/cultural) sujeta a leyes, regulaciones, normas y a cambios históricos dados básicamente por transformaciones en sus aspectos sociológicos, jurídicos (quienes la manejan o controlan) y en sus mensajes.
     

La misma concepción anima y aparece tanto en propuestas radiofónicas comerciales o difusionistas y educativas. Sea que se persiga el éxito económico o el cambio de actitudes, la radio es canal a través del cual unos estímulos (mensajes que buscan provocar un determinado efecto) impactarán o no en la audiencia (serán escuchados o no, gustados, atendidos) es decir lograrán o no su cometido.
 

Pero también idéntica concepción anima ciertas visiones críticas y con ello me refiero no tanto a unas prácticas o modos de hacer radio sino a unos modos de estudiarla o no estudiarla. Justamente, lo que en América Latina se dio en llamar teoría crítica de la comunicación vio en los medios (y por ende en la radio) poderosos instrumentos de dominación. En este caso los medios son canales que se utilizan para difundir e imponer ideas, para modelar conciencias, para garantizar -desde el plano ideológico- la reproducción de un orden económico-social injusto.
 

En ambos casos lo que se mantiene es la idea de un contenido que se trasmite (unos significados). En ambas percepciones lo que cuenta entonces son los productos radiofónicos (programas/programaciones) y los productores (en el primer caso su eficaz funcionamiento, en el segundo la denuncia de su identificación con el poder). Los receptores cuentan en términos de gustos y efectos. Gustos, porque hay que considerarlos para ganar audiencia; efectos, porque es lo que se desea lograr o lo que debe develarse.
 

Sin embargo hay que señalar que como objeto de estudio la radio no recibió la misma atención desde el campo comercial y difusionista y desde el campo crítico. En los dos primeros casos la radio fue un medio privilegiado desde su creación y por lo menos hasta la década del 60, cuando el auge de la televisión en un caso y el fracaso de las estrategias difusionistas en el otro, van a opacarla como centro de las preocupaciones de investigadores y planificadores. En cambio, casi desde sus inicios, los estudios críticos que se realizan en América Latina justamente a partir de los años 60, desatendieron la radio.

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