Mayo - Agosto 2007
N.74

Ciudad y Comunicación
Densidades, Ejes y Niveles

Rossana Reguillo, México (Diálogos de la Comunicación Edición N.47)

 

La comunicación no es un mero instrumento neutro para dar forma a lo que ya existe, es una dimensión co-constitutiva de lo social. Quizá, como nunca, la comunicación sea una cuestión vital para salir del ghetto al que nos ha confinado la intolerancia, la negación del otro, el miedo y la indiferencia. Quizá, como nunca, la sociedad precise de personas y grupos, capaces y dispuestos a activar nuevos significados.
 

La comunicación, ya lo dijo Martín Barbero, dejó de ser cosa de medios para convertirse en cuestión de mediaciones. En tal sentido se precisa de un especialista en comunicación que tiene por oficio ser un recuperador de la palabra de otros, de los procesos comunicativos, imbricados en la interacción cotidiana; un mediador que busca los puntos de unión, de convergencia entre la sociedad civil. Un comunicador que, atento a su entorno entiende y asume que dar a luz un mundo donde las formas de relación tengan a la base el consenso, es tarea de hombres y mujeres que creativa y amorosamente logren tematizar de un nuevo modo las condiciones de existencia de los sectores sociales menos favorecidos.
 

Mujeres y hombres que habitan un mundo en el que las utopías se han desdibujado, que ha dejado atrás la guerra fría y enfrenta nuevos temores, que se orienta hacia la lógica de un mercado en expansión, que arrasa en nombre del progreso con los recursos vitales. Un mundo en el que resurgen los nacionalismos patrioteros y donde el fervor y el fanatismo religioso desbordan la realidad. Es evidente la dificultad para construir la sociedad de los consensos, pero también es evidente que las profecías de destrucción, de muerte, de homogenización, chocan cotidianamente con los pequeños y grandes sueños, con las resistencias o la lucha abierta y decidida.
 

Por dónde empezar a acercarse, por dónde empezar a recortar. La propuesta es mirar los cambios y las transformaciones en ese objeto opaco y polimorfo, apasionante y complejo: la ciudad, con el objetivo de contribuir al entendimiento de las relaciones entre la práctica social de la investigación, las prácticas cotidianas de los sujetos y los saberes de la comunicación.
 

Si, como dice Jesús Martín Barbero(1), "pensar la ciudad es hacernos cargo del espacio-eje de la crisis de la modernidad y avizorar la otra cara de la comunicación tal y como es fabricada actualmente, esto es, la densidad de la incomunicación que sostiene-produce y la densidad de mediaciones que articulan los medios a los miedos, los flujos a las pasiones, los códigos a las perversiones. La ciudad nos plantea no sólo la importancia comunicativa del espacio sino del tiempo: de la memoria y las anacronías, los destiempos y la necesidad (¡benjaminiana!) de <<liberar el pasado>>, de asumir <<el pasado no realizado>>”, la tarea no es postergable.


LOS HILOS DE LA MADEJA: LA CIUDAD EN LA COMUNICACIÓN
 

La pregunta por la ciudad y las formas de vida en ella implicada, no es ciertamente una novedad en el campo de la comunicación, sin embargo esta vieja preocupación al igual que ha pasado en la antropología(2), venía centrando su mirada en un conjunto de prácticas comunicativas que tenían como telón de fondo el escenario citadino, sin llegar nunca a problematizar el papel constitutivo de la ciudad en las formas de socialidad específica. En esta etapa abundan los estudios sobre culturas populares en su relación con prácticas de comunicación o los estudios sobre medios(3).
 

La problematización de la ciudad no como un continente en el que suceden cosas, puede ubicarse para el campo de la comunicación, de un lado, en el momento en que aparece la preocupación por las condiciones de reconocimiento, es decir cuando el actor de la comunicación deja de ser concebido como el circuito terminal del proceso comunicativo y se le construye como un sujeto histórico, situado, capaz de intervenir en su realidad; ello lleva a plantearse la ubicación espacial y social del actor como mediaciones fundamentales para comprender los procesos socioculturales de la comunicación.
 

De otro lado, elementos dinamizadores de la preocupación por la ciudad se desprendieron de las evidencias de la globalización de la economía y la mundialización de la cultura, que apuntaban hacia el papel central que la dimensión territorial jugaba en estos procesos. La diferencia cultural, las identidades y la configuración de un nuevo espacio público vinculado de manera estrecha a los medios de comunicación, se ha constituido en parte central de un debate que involucra a la ciudad como esa forma espacial y específica de socialidad que ya hemos mencionado.
 

Así es cada vez más frecuente encontrar en las investigaciones adscritas al campo de la comunicación aunque incorporen elementos provenientes de otras disciplinas- estudios que trabajan la dimensión material de la cultura urbana, la ciudad, en tres niveles: lo barrial, lo local, lo regional, estableciendo vinculaciones con lo nacional, lo transnacional y la globalización. En esta emergencia es posible reconocer al menos dos tendencias principales, estrechamente vinculadas.
 

De un lado, aquellos estudios que priorizan la pertenencia territorial, como base para el intercambio de significados, tanto en sus procesos de producción, como de recepción. Aquí la ciudad es vista como el espacio desde y en el que se construyen códigos o se decodifican significados.
 

Este enfoque debe sus primeras formulaciones a Jesús Martín Barbero, que introdujo novedosos estudios sobre "territorialidad" en el análisis del melodrama televisivo y un primer inventario sobre escenarios y prácticas sociales desde un enfoque comunicacional(4).
 

Dentro de esta vertiente también pueden ser ubicados los trabajos del investigador colombiano Armando Silva(5), que desde la semiótica presenta un brillante estudio sobre el graffiti, hasta llegar a su más reciente propuesta sobre las maneras en que los actores urbanos construyen simbólicamente su relación con la ciudad y la semantizan.
 

Una muy importante contribución a este debate proviene de los estudios de Néstor García Canclini(6), cuyo trabajo reciente gira en torno al consumo cultural en las metrópolis.
 

De esta línea se han desprendido investigaciones empíricas que focalizan la importancia de la pertenencia territorial como mediación para la constitución de identidades urbanas y para la movilización política(7).
 

Quisiera señalar la aportación que Guillermo Orozco, desde otros frentes, en concreto desde el estudio de la recepción crítica, ha hecho para la comprensión de ese actor complejo de la comunicación. En especial su propuesta metodológica donde aparece de manera muy importante la mediación territorial(8).
 

Sin duda vinculada a esta primera corriente, pero priorizando las maneras en que los medios de comunicación y las nuevas tecnologías afectan la visión-relación de los actores con el entorno y los cambios en las formas de socialidad, esta otra tendencia ha producido no pocos acercamientos.
 

En 1987 en Pensar los medios Armand y Michele Mattelart, preocupados por una reflexión seria sobre los procesos de construcción y constitución científica en el campo de la comunicación, se ocupan de las políticas del Estado, de los procesos de transnacionalización y del papel de la sociedad civil, entre otros elementos claves para comprender las prácticas y los procesos comunicativos desde una perspectiva fundamentalmente política. De sus planteamientos resalta la fuerza con la que señalan que es en referencia al sujeto, sobre el que las ciencias de la comunicación deberán construir un discurso más sólido y potente, capaz de explicitar los modos y maneras de apropiación, producción y transformación de significados sociales(9).
 

La formación de bloques económicos, la crisis de las culturas nacionales, el préstamo e intercambio de valores para orientar y definir la vida, el papel que en todo ello juegan los medios de comunicación a escala planetaria, es el eje sobre el cual descansa buena parte del debate actual, no sólo en el ámbito de la comunicación sino en general de las ciencias sociales.
 

En ese mismo sentido y especialmente en el ámbito latinoamericano, es importante plantear las diferencias entre ciudades capitales y ciudades provincias, que conectan directamente con la discusión en torno a la relación -insuficientemente trabajada aún- entre la dimensión local y la dimensión nacional, condición para entender las profundas transformaciones que opera en el nivel de lo micro, la dimensión transnacional.
 

Es así como va tomando forma una clara preocupación por el espacio público, que se piensa "no sólo como el lugar de la comunicación de cada sociedad consigo misma, sino también y quizás ante todo, el lugar de una comunicación de las sociedades distintas entre sí"10. Sin embargo, a la manera de una espiral, cada una de las dimensiones territoriales a las que hemos hecho referencia va configurando su propio espacio público, de acuerdo a las especificidades culturales, políticas y sociales que definen regiones particulares.

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Entorno Sociocultural