Julio - Diciembre 2008
N.77

El telespectador multimediático

José Sixto García (España)

 

Resumen:

El lector de hoy es un lector en el sentido amplio de la palabra. Se trata de un lector –o un telespectador- de soportes impresos, radiofónicos, televisivos y digitales que explora de manera continua, esporádica o accidental, pero siempre de forma selectiva. Para narrarse a sí mismo y narrar a otros la actualidad cotidiana, este lector construye a partir de estos soportes sus propios relatos. Y sea cual sea el número de soportes a los que accede todos ellos funcionan respecto de él como fuentes primordiales. En este sentido, su conocimiento de la realidad estará, entonces, fuertemente influido por los soportes que elige y frecuenta.

1. Una panorámica a la actualidad

Los periodistas cada vez están teniendo mayor dificultad a la hora de ‘vender las noticias’, sobre todo entre los lectores menores de 55 años, debido a que la información está de sobra disponible –en muchos casos de manera gratuita- para todo usuario que desee acercarse a ella. La amenaza de Internet puede ser incluso mayor que la que produjeron la radio y la televisión en su día. Ahora las noticias no sólo llegan rápidamente, sino que además llegan gratis. Ya no es necesario esperar a la mañana siguiente para leer el titular en la primera plana del periódico porque ahora el titular se escribe y se difunde casi al tiempo que se produce el hecho.

Telecinco emprendió dentro de ‘12 meses, 12 causas’ una campaña destinada a fomentar la lectura de la prensa diaria. Con el lema “ponte al día, lee el periódico y comprende mejor el mundo” la campaña pretende hacer entender a los espectadores que a través de la consulta de la prensa diaria se puede desarrollar una capacidad analítica y crítica de la actualidad. El objetivo final es la lucha contra la desinformación de la juventud, que muestra datos alarmantes según las conclusiones extraídas del Libro Blanco de la Prensa Diaria 2007. El libro señala que “apenas un 26% de la población femenina es lectora de periódicos, frente al 47% de los hombres. La desinformación se agrava aún más entre los jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 19 años, cuya proporción de lectores es tan sólo del 25%”, mientras que “los lectores digitales de entre 14 y 34 años representan el 58% de los lectores totales, frente al 35% equivalente en los diarios de papel”. Esto no quiere decir que los jóvenes ya no se informen, sino que han cambiado sus canales de acceso a la información. Las generaciones de antes estaban acostumbradas a comprar el periódico todas las mañanas, pero ahora cualquier ciudadano puede encontrar en otros muchos soportes toda la información que necesite.

El profesor Javier Fernández del Moral señaló algunas de las causas principales que, en su opinión, remataron por constituirse en los pilares básicos sobre los que se consolidaría la crisis mundial de la prensa. Relaciona:

a) Crisis económica general
b) Crisis del papel para la prensa
c) Crisis de la distribución de la prensa
d) Competencia entre los medios
e) Crisis de los contenidos informativos y de su credibilidad (Del Moral, 1983, p.260-1).

Que los medios tradicionales no pueden competir con la red en la instantaneidad de la información es, pues, evidente. La solución es clara: los periodistas podrían intentar hacer y vender algo más que noticias. Para muchos de ellos surge la duda: ¿qué hacer? Lejos del mimetismo informativo que provoca el periodismo hecho en los despachos gracias a las agencias de noticias, una solución sería la de ir más allá y elaborar un periodismo de mayor implicación por parte del profesional en el que la calidad del producto se deba, en buena medida, al grado de diferenciación que se demuestre con respeto a lo que ‘los colegas’ hacen. Es decir, vuelve a estar de moda que sea el periodista quien busque la noticia y no que la noticia busque al periodista. Pero, por otro lado, el receptor quiere información, pero también análisis, interpretación e incluso opinión sobre los hechos:

El periodista no se hace imprescindible por su capacidad para recoger y organizar los hechos, sino por su facultad para interpretarlos y contextualizarlos, yendo más allá del simple hecho y explicando las causas, las consecuencias y los efectos, valorando como los antecedentes (background) repercuten en el presente y como pueden condicionar el futuro (Sixto, 2007, p.623).

2. La televisión del espectador multimediático

En los últimos años el periodismo ha sufrido cambios sustanciales que no sólo afectan al ejercicio de la profesión, sino a la consideración social que se pueda tener de los profesionales de la comunicación y la información. Aparte de las innegables mejoras que han traído las nuevas tecnologías para la actividad periodística, sobre todo en lo que a interactividad y a soportes multimediáticos se refiere, también estamos siendo testigos de una televisión “invadida” por personajes que saben y opinan de todo y más y que nos hacen cuestionarnos acerca del papel que cumple la televisión en esta sociedad del conocimiento y, sobre todo, qué función puede desenvolver el periodista en este escenario de competidores variopintos, en muchas ocasiones intrusos en la profesión y, en el mejor de los casos, formados en otras disciplinas diferentes a las Ciencias de la Comunicación.

Por eso, es necesario que los periodistas cambien hábitos y rutinas de trabajo para que las informaciones que preparan ofrezcan algo más al telespectador –y por extensión al lector de periódicos, al oyente de radio o al navegante de la red- que la simple descripción de los hechos que, por otro lado, actualmente ya no es necesario esperar al día siguiente para encontrarla porque la información se difunde casi al mismo tiempo que se produce. Una posible alternativa a esta competencia está en las informaciones más interpretativas y analíticas, no sólo en televisión, pero también en ella.

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Etiquetas:

Televisión, ciudadanía, periodismo de calidad